lunes, 2 de octubre de 2017

Teatro: "La farsa de Don Cristobita"


Un productor en contra de su elenco o presionándolos para que hagan la función aunque no esté nada en condiciones. Un actor protagonista que asume el liderazgo, una actriz pasada de pastillas, un músico que se cree Slash y un presentador que va de un lado al otro, lleva y trae y es complaciente con todos. Nada que sorprenda al mundo artístico, como tampoco nada que sorprenda a nadie. Camarillismo que se sucede en todos los ámbitos y que salvo en el tenis, deporte solista, aqueja a todos por igual. 

Esta pieza literaria pasada al teatro, es una magnifica puesta de Gonzalo Moreno, que adaptó la obra de Federico García Lorca “El retablillo de Don Cristóbal”, a esta versión moderna, con un final imposible de mejorar. Como los libros de “Elige tu propia aventura”, el público elige cómo prefiere que termine la obra, si de forma dramática o cómica.

El elenco integrado por Alejandro Maldonado, Gastón Navarro en guitarra, Paola Raballe, Patricia Ruiz y Gustavo Tévez, “La farsa de Don Cristobita” toma de muchos géneros para tener identidad propia. Desde máscaras Lecoq, flamenco, revista, baile, música en vivo y mucho humor. Porque la obra es divertida en cada impacto. Como esas películas que aseguran un remate cada veinte segundos.

El vestuario de Nerina Flores hace que todo luzca mejor, real y determinante. Sobre todo por los colores. 

La escenografía matemáticamente precisa, sin nada, muestra mucho.

La historia cuenta como un elenco de teatro, la compañía teatral Sanchís Guerrero, se subleva a su productor y también a las miserias internas de cada actor con cada quien. Todo basado en La farsa para Guiñol, de Federico García Lorca.

“La farsa de Don Cristobita” deja en claro que en la Buenos Aires del teatro independiente más artístico, encontramos piezas de gran valor en cada escenario. 

Tenga o no tenga difusión, con más o menos nombre, siempre hay una perla por descubrir.

Por Ignacio Ballesteros.

Dirección General: Gonzalo Moreno.
Dramaturgia y Versión: Gonzalo Moreno.
Elenco: Alejandro Maldonado, Gastón Navarro, Paola Raballe, Patricia Ruiz y Gustavo Tévez.
Diseño de luces: Sebastián Frías.
Realización de escenografía: Laura Sánchez.
Realización de vestuario: Nerina Flores.
Realización de objetos: Laura Sánchez.
Fotografía: Adriana Morón.
Pintura decorativa en taburetes y Asistencia de escena: Laura Moreno.
Diseño gráfico: Adrián Celano.
Asistencia de vestuario: Mónica Tévez.
Asesoramiento coreográfico: María Eugenia Poccia.
Asistencia técnica: Damián Morales.
Producción: Grupo Entérico.





miércoles, 20 de septiembre de 2017

Teatro: “Atrapando el instante”


En sus roles de autores, directores y protagonistas, la dupla Ezequiel Insa y Gabriela Gantus brillan. Por lo minimalista de la propuesta y por lo infinito del argumento. Los dos en escena se retroalimentan y se destacan como un bloque. Poética en su esencia, la obra nos hace reflexionar sobre la felicidad, la vida, la muerte y los instantes que vamos desperdiciando en busca de lo absoluto.

“Atrapando el instante” habla sobre la insatisfacción diaria. Ese hastío minuto a minuto por lo que vendrá que no nos permite disfrutar cada momento. Una bailarina que cuenta su vida, desde que es pequeña hasta su actualidad, con una voz tácita que va a cada momento de su vida para replantearle su forma de ver las cosas.

Grandes trabajos escénicos de Ezequiel Insa y de Gabriela Gantus, quienes con sus diálogos y gestos, nos lleva a los espectadores a inspeccionar nuestras vidas y a buscar los puntos comunes con la protagonista.

“Atrapando el instante” se luce también por su escenografía, un violín gigante de madera que nos muestra el trabajo previo de este dúo mendocino, que llegó al teatro independiente para quedarse un tiempo. Las metáforas y los paralelismos son divinos. De una exquisitez literaria sublime. Puntos que se compensan con guiños de actualidad social y política.

Una gran obra, puesta en escena por dos artistas del teatro. Muy recomendable, para ir a verla y quedarse pensando en lo vivido y lo que falta vivir.

Todos los sábados a las 18hs., en el Teatro Columbia, Av. Corrientes 1537, C.A.B.A., Argentina. Reservas: 4371-6086. Costo de entrada $200 (descuentos para estudiantes y jubilados o reservando previamente por mail o teléfono $150). Más info: ezeib44@gmail.com

Por Ignacio Ballesteros.





lunes, 11 de septiembre de 2017

Teatro: “Seamos libres”


Para muchos, José de San Martín, es el argentino más importante de la historia. Muchos lo podrán ver por detrás de deportistas o médicos, pero el tiempo dirá que su legajo es inigualable.

Figura bisagra del continente americano, se han escritos libros, filmados películas, pintado cuadros y creado himnos, sin embargo no recordamos muchas obras de teatro. Aquí, Adrián Di Stefano trata de cubrir ese espacio con su iluminada “Seamos libres”, homenaje brilloso a su persona. Objetividad artística para representarlo, aunque muchos elogios, algunos hasta innecesarios, se cuelan en el discurso. 

El actor Rodrigo Spinelli interpreta al soñador José de San Martín que consumía sus pensamientos para ver cómo atravesar la Cordillera de Los Andes. Brillante actuación de este muy joven actor que se hace muy grande cuando se para de frente al público para arengar a su ejército. En el futuro próximo, siempre hablando de la historia, Adrián Di Stéfano es San Martín en su epílogo. Clase magistral de maquillaje y de actuación para humanizar su final.

A las actuaciones destacables de Spinelli y Di Stéfano, quien también es su autor y director; hay que sumarle las de Celeste Donis como hija del General, Jorge Vizioli como Félix Bogado y Carlos Duquene como Fraile Zapata. Del reparto, se destaca en su breve papel de María de los Remedios de Escalada, la bella Natalia Luongo. 

“Seamos libres” es la vida del General San Martín, un poco de realidad virtual a todo lo que leímos sobre su persona en el colegio y en esas enciclopedias chatas que nos obligaban a ver nuestros maestros. Una clase escolar en pleno Teatro Colonial.

Sábados a las 20:30hs., en el Teatro Colonial,  Avenida Paseo Colón 413 (Esq. Belgrano), C.A.B.A., Argentina. Reservas: 4342-7958. Costo entrada $250. (Estudiantes y Jubilados $200).
Por Ignacio Ballesteros.
Autor y director: Adrián Di Stefano.
Elenco: Celeste Donis, Silvia Giser, Micaela Ringa, Maia Grondona, Natalia Luongo, Rosario Lázaro, Manoli Osores Muñoz, Beatriz Torres, Elvira Tenorio, Rodrigo Spinella, Carlos Duquene, Jorge Vizioli, Osvaldo Bebén, Joaquín Facchini, Joel Alexander Sardi, Guillermo Di Concilio, Marcelo Marchesse y Adrián Di Stefano.
Vestuario: Beatriz Torres.
Producción Ejecutiva: Rosario Lázaro.
Producción: Teatro Colonial.
Dirección de Actores: Silvina Tenorio.





miércoles, 6 de septiembre de 2017

Teatro: “La música del viento”



Dentro de sus muchos atributos positivos, el teatro le da la posibilidad al espectador de disfrutar la magia de la literatura, el cine o la música, en vivo y en directo. Lo que para el actor es el aquí y ahora, también lo es para el público. “La música del viento”, fue escrita y es dirigida por la marplatense Merceditas Elordi, y muestra muchas de tales disciplinas, que hacen multisensorial la obra. A priori, la remanida idea de una señora bien que se inquieta por su compañero elemental, toma fuerza con su laca. La obra resulta interesante de principio a fin.

En esta versión de Merceditas Elordi, sus protagonistas parecen cumplir al pie de la letra sus indicaciones, las imposiciones de voz, gestos y recorrido escénico. Patricio Paz es quien más logra interpretar a su personaje, mientras Sofía González encuentra vaivenes, entre la investigadora que representa  en la obra, con la mujer bella que es en la vida real. Igualmente ambos encandilan con su presencia.

En la historia, la Puna de Atacama es el lugar de conflicto, donde Pedro Cantero y Julia Ottar  están en medio de una expedición científica. Una como la mente y el otro como el brazo armado. La desolación, la noche profunda y los miedos alternarán sus humores.

“La música del viento” nos suelta la historia muchas veces vista, de forma particular. Inevitable no inclinarse por uno y seguirle la espalda mirando de reojo al otro. Cada uno tomará partido diferente por alguno diferente, agradeciendo al final la mano de Elordi en su doble rol de autora y directora.

Todos los sábados a las 20hs., en el teatro Patio de Actores, Lerma 568. C.A.B.A., Argentina. Reservas: 4772-9732. Costo de la entrada: $ 200 (Jubilados y estudiantes $150). 2 x 1 con Club La Nación.

Por Ignacio Ballesteros.
 
Autora y directora:
Merceditas Elordi.
Intérpretes: Sofía González y Patricio Paz.
Asistencia de dirección: Lucía Cibini.
Diseño de Iluminación y puesta de luces: Edgardo Aguilar.
Diseño y realización de escenografía: Edgardo Aguilar.
Diseño de vestuario: Edgardo Aguilar.
Arte gráfica: Paula Carranza.
Ilustración: Edgardo Aguilar.
Fotografía: Cristian Holzmann. 





lunes, 21 de agosto de 2017

Mariano Cejas, la nueva expresión del musical independiente

Mariano Cejas es director teatral y realizador Integral de cine y TV. Realizó sus estudios en el CIC, Centro de Investigación Cinematográfica. Estudió comedia musical con Pepe Cibrián Campoy, y realizó diferentes cursos y seminarios en complementación a su formación, desde canto lírico a montajes cinematográficos. Como actor de Comedia Musical formó parte de "El Fantasma de Canterville", " “El Jorobado de parís”, y "El Retrato de Mr. Wilde". Participó en cortometrajes como "La Vie en Noir", "Ruta al Mar", "Descartable", "La Distancia", y en "Lago de Luciérnagas" un largometraje filmado en Colombia donde se destacó con su rol en Asistente de Dirección, y con el cual obtuvo una participación especial en el Festival de Mar del Plata dentro de la categoría "Nuevas Miradas del Cine Latinoamericano" . Escribió y dirigió "Los Restos de la Memoria" declarada de interés cultural por Secretaría de Cultura de la Nación y apoyada por Abuelas de Plaza de Mayo. Fue llevada a cabo en el Teatro SHA, realizando dos temporadas consecutivas. Actualmente, su espíritu de dramaturgo sigue en plena creación y llevando adelante este proyecto musical que se presenta. Hoy brilla como autor y director de “Citlalí, el musical”, todos los viernes a las 23hs., en el teatro El galpón de Guevara, Guevara 326, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

¿Por qué el teatro como profesión?
Mi familia tenía Video Club, uno de los más grandes de zona sur. Crecí rodeado de películas. A su vez, mi mamá y papá siempre fueron muy teatreros y me llevaban siempre al teatro. Me inculcaron la pasión del teatro desde chico, como si fuera un santuario, en vez de ir a la iglesia íbamos al teatro. A los 11 años empecé a estudiar teatro gracias al apoyo de mis padres, todas las semanas después del colegio me llevaban a capital para poder tomar clases. Era difícil poder mantener las dos vidas paralelas, quería terminar el colegio lo antes posible para poder dedicarme a lo que realmente quería. Siempre dije que quería ser director de cine, y lo hice, aunque actualmente me dedico mas al teatro, la vida te va llevando por diferentes caminos. Pero todos relacionados entre sí.

¿Qué artistas recordás de aquella época?
De Argentina a Pepe Cibrián. Hace 15 años cuando empecé, ver Drácula a los 11 años, me cambió la vida. Aunque luego opté por otros caminos y a esto me refiero a un estilo diferente. Por otro lado, siempre admiré y admiro a Madonna, destaco su exigencia, la innovación, el mantenerse en el tiempo, el profesionalismo y la perfección, es alguien que me sigue influenciado día a día.

¿Vivís del teatro o tenés otra actividad paralela?
Vivir del teatro literal, de la función, es casi imposible. Es más: siempre se pierde plata en el teatro.  Así que ahorro unos años y produzco, sabiendo que ese dinero no vuelve, pero lo invierto con mucho amor, como si adquiriera un bien, que de hecho me da más placer que comprar otra cosa. Soy director de Cine aparte, de vez en cuando algo sale. Tuve mis épocas de docente, pero me gusta siempre ir probando cosas nuevas todo el tiempo. En este momento estoy dedicándome a mis estudios en psicología, que los complemento con el teatro y el cine. Pero aspiro a ser psicólogo en un futuro, no sé si siempre voy a tener la energía para poder dirigir teatro, es un estilo de vida muy intenso, mas en las condiciones económicas  a las que siempre nos encontramos.

Estás muy vinculado al cine...
En primera instancia, estoy muy vinculado al cine porque hay un título que lo certifica.  Gracias al cine pude viajar a otros países y que luego me llevaron a estar en festivales importantes como lo es El festival de Mar del plata, acá en Argentina. Pero no es tal vez la faceta artística que mas ejerzo actualmente, es más, siento que cada día estoy más alejado, pero por decisión personal, en este presente prefiero poner la energía en otras cosas.  El cine me sirvió mucho para dirigir, para tener criterio, escribir y adquirir experiencia. La diferencias son varias: quizás la que más destaco, son los tiempos. El cine es muy lento para una persona tan ansiosa como yo, una película lleva un proceso total de cuatro años como mínimo, es muchísimo tiempo. Una obra de teatro tal vez con un proceso de un año está bien.

¿Cine, te referís al cine comercial o independiente?
El cine independiente es muy difícil, más que el  teatro. Hacés tu película y luego para poder proyectarla tenés que tener un dios aparte para que se ejecute. Todos terminan viéndola en su casa en un DVD. No fue exactamente mi caso, siempre tuve la suerte de participar de algún festival pero no es nada fácil. Por otro lado, no tenés la devolución actual del público, ni la adrenalina, que el teatro te ofrece. Llevar una obra en cartel no es fácil, pero es posible, hay espacios. Y lugares maravillosos, como lo es el actual teatro en el que estamos "El galpón de Guevara" es un espacio mágico. A la gente no le queda otra que ir, no se puede ver por DVD. Es tiempo real. 
¿Qué recordás de tu maestro Pepe Cibrián Campoy?
Con él aprendí la disciplina del teatro. Fueron cinco años muy intensos de estudio, recuerdo cosas muy positivas y negativas, que las negativas traté de transformarlas en positivas con el correr del tiempo, por eso decidí armar mi camino, en donde elijo cómo quiero que sean las reglas, siempre basado es todas las experiencias y en cosas que no me gustaría volver a vivir.
Actualmente es muy loco que estemos "Compitiendo" los mismos días en el off, con diferentes propuestas.

¿Cómo llegaste a escribir la obra “Citlalí, el musical”?
El punto de partida: el fin de mi primer proyecto musical “Los restos de la memoria”. Comencé a escribir catárticamente el texto, de algún modo memorando algunas vivencias de un gran proyecto que pude realizar y que me llevo a vivir demasiadas experiencias.  Una noche en la que ya todo había terminado, me senté en la cama y empecé a escribir, en ese momento sin un destino, escribí lo que ahora es una de las canciones principales de la obra que se llama "He visto". Hace memoria a muchas vivencias de mi vida. Luego pensé que era buen potencial para poder iniciar un proyecto, fue un momento muy espiritual en mi vida donde me encontraba probando alternativas y re encontrándome y re valorando el mundo, es así que empecé a observar la naturaleza de una manera diferente y a conectar con ella, sobre todo con las estrellas. Las estrellas que son tan mencionadas en el texto forman parte de mi fuente de inspiración, me hacían acordar a nuestros ancestros, a las diferentes formas que se podían producir en ellas, y pensé en nuestros antepasados, en aquellos que habitaban nuestras tierras. Sabía que quería una protagonista mujer que se llame estrella, a través de una investigación llegue al nombre de Citlalí. Citlallí es un nombre de origen náhuatl es una macro lengua yuto-nahua que se habla en México proveniente del imperio Azteca, su nombre tiene referencia a "estrella del amanecer" o "estrella nueva", en ésta connotación, su significado puede referirse a Venus (bajo la antigua creencia de que era una estrella). Venus como estrella, marca el amanecer, apareciendo en el cielo antes del sol.

Mucha intensión detrás…
Ese fue mi punto de partida para poder empezar a desarrollar el texto. El tiempo pasó y logré armar el primer argumento de la obra, pero no me convencía. El proyecto quedo encajonado durante cuatro años. En el 2016 tuve la posibilidad de realizar un viaje de cinco meses que me llevó a conocer diferentes culturas y formas de vivir, y siempre pensaba en “Citlalí”. Cuando volví cargado de nuevas experiencias decidí volver arrancar con el texto. Para darle forma a mis ideas me inscribí en el taller de dramaturgia de Sol Rodríguez Seoane y con su ayuda y motivación termino de surgir “Citlalí, el musical”.

¿Qué es lo más lindo y más difícil de dirigir una obra de teatro independiente, en este caso, un musical?
Es todo lindo y difícil a la vez. Es maravilloso partir de la base de que lo que en algún momento fue una ideahoy este en cartel, eso desde el vamos. Lindo es poder hacerlo, es conocer gente nueva con ganas de trabajar y que estemos todos en las mismas situaciones. Rescato mucho lo social, sobre todo este elenco se basa mucho en eso, hay una gran variedad de talentos en todas las áreas, pero nos une la pasión por el teatro y el corazón que cada uno le pone a “Citlalí”. Luego, difícil es todo, sobre todo por cuestiones económicas, sin embargo eso no me detiene, creo que soy afortunado de tener a mi alrededor las personas correctas para poder trabajar, tener el apoyo del CIC y  La fabrica, nos facilita mucho poder ensayar gratuitamente. Laburar con un músico que me entienda como Cristian Vivaldi, un coreógrafo de primera línea como Leandro Bustos y una productora como lo es Luciana Cuenca, y así podría mencionar a todos. Somos treinta, una gran familia, que con algunos comparto amistades desde la niñez, otros desde la adolescencia y algunos los conocí en las audiciones de “Citlalí”. Pero siempre se suelen armar grupos muy lindos, y eso se puede rescatar de lo independiente. Funcionamos como cooperativa, lo cual significa, cooperar. Nos ayudamos entre todos y nos contenemos entre todos.

¿Qué podés contarnos de “Citlalí, el musical”, y cómo fue su puesta en escena?
“Citlalí el musical” representa el desafío creativo de condensar una historia compleja, por simultaneidad escénica, por su representación y por los valores que transmite intrínsecamente. Personajes que transitan espacios geográficamente distantes, relaciones personales difíciles, posibilidades y giros en sí mismos. Es a partir del relato, el vestuario, la escenografía, las actuaciones, coreografías y el diseño lumínico lo que nos sugiere un lugar o un clima y lo que permite el juego entre realidad, ficción y leyenda. El texto y las imágenes se fusionan dando como resultado un lenguaje contemporáneo, por momentos realista, coloquial y poético. Las canciones son interpretadas en vivo, teniendo reminiscencias a sonidos autóctonos, como así algunos instrumentos provenientes de culturas africanas y por momentos partes más melódicas, característicos del teatro musical. Las canciones están en función de cada personaje y situaciones, pasando por momentos de mucha tensión en donde se producen invasiones y guerra, como también momentos de conexión absoluta con la naturaleza. Cada personaje tiene su Leivmotiv. Por otra parte, se utiliza la luz como elemento crucial a la hora de definir los diferentes momentos y estados que aparecen en la obra, ya que el relato juega constantemente con la idea del tiempo que fluctúa entre el pasado y el presente, entre la realidad y la ficción, lo abstracto y lo concreto. Las escenas se suceden y relacionan en un constante juego de tiempos, contando una historia lineal pero fragmentada.

¿Cuáles son los sueños con “Citlalí, el musical”?
El sueño que todos tenemos es poder explotar el producto lo mas que se pueda, llevarlo a todos los lugares posibles, Tenemos expectativas muy altas y defendemos el producto todos juntos, todos amamos a “Citlalí” y estamos convencidos de que es un producto de gran categoría y queremos llegar muy lejos con él.

Por Ignacio Ballesteros – Artistas del Off - @ArtistasDelOff




jueves, 17 de agosto de 2017

Patricio Paz, actorazo del Off

El teatro alternativo debería sacarse el sombrero ante semejante actor. Con formación actoral junto a Julio Chávez, Augusto Fernández, Santiago Doria y Elena Tritek, Patricio Paz se destaca en la obra “La música del viento”, escrita y dirigida por la premiada y prestigiosa Merceditas Elordi. la misma se puede ver los sábados a las 20hs., en el teatro Patio de Actores, Lerma 568, C.A.B.A., Argentina. Investigamos su vida.


¿Cómo llegaste a la obra “La música del viento” y qué te sorprendió de la historia de Pedro Cantero?
Conocí a Merceditas Elordi en Mar del Plata este año cuando fue a verme  a “Pobrecito” una obra sobre San Francisco de Asís. Luego yo fui a ver su obra “Entropía” y quedé maravillado. Fue una conexión instantánea con ella. Sobre todo por su gran sensibilidad para crear sus personajes.
Más adelante ella me mandó el material y desde la primera lectura me imaginé a Pedro Cantero, algo que nunca me había pasado. Pedro es puro instinto, como un animalito, es inocente. No conoce los formalismos y las máscaras con que nos manejamos en la ciudad. Lo que ves es lo que es. Eso me atrajo profundamente de él, su ego está tan domado que le permite ser feliz con lo que tiene en cada momento.

¿Qué es lo más lindo y más difícil de protagonizar una obra de teatro independiente?
Lo más lindo que es podés (y tenés) que participar del proceso creativo en todas su etapas, desde la audición de los personajes, las charlas sobre vestuario, escenografía, los ensayos por supuesto. En todo estás involucrado y tu voz cuenta, eso me encanta. En grandes producciones esto no pasa. El teatro independiente se mueve gracias a un motor que cuando está presente puede mover montañas: el amor de sus miembros a la profesión. Si eso existe, si hay compromiso de parte de todos, el teatro independiente vuela alto y es una fiesta. Lo más difícil viene de la mano, hay que gestionarlo, convocar a los amigos y al público cada semana. Respecto a este punto, soy de la idea que cuando el actor ama su obra esto se nota, y la gente quiere ver de que se trata. No soy de invitar de una manera pesada, sino desde el disfrute que me da mi trabajo. 

¿Qué te acercó al teatro y qué nos podés contar de tu adolescencia que esté vinculada a la actuación?
El teatro en mi caso me llegó desde niño en la escuela. A los 7 años me anoté en una materia optativa que se llamaba “Teatro y coro en Inglés” y fue un llamado en mi corazón como si me gritasen con un megáfono . En mi primera obra hacía de un pollito que su madre lo empollaba 10 minutos de reloj adentro de un canasto sentada sobre mi espalda. Recuerdo que me dolía… jajaja. Luego nacía y andaba por el bosque buscando amigos. Desde ese día supe que iba a ser actor, pero no sabía cuándo. A los 17 me anoté para Contador, me recibí, luego hice un postgrado, me fui a vivir a Canadá por tres años. Estando allá el megáfono volvió a sonar con más fuerza aún. Así que supe que era el momento del salto. Abandoné mi carrera de Contador, volví a Argentina y comencé a estudiar teatro profesionalmente.

¿Qué recordás de tus maestros Julio Chávez, Augusto Fernández, Elena Tritek y Santiago Doria, entre otros?
Todo lo que recibí de ellos quedó grabado a fuego en mí, soy el típico que anota todo en clases, no me quería perder nada. A veces agarro los cuadernos de las clases y los releo y digo: “Ahhhh!!! Eso quería decirme !”. Recién cuando algo se experimenta es cuando se aprende. Los grandes maestros a veces son encriptados o duros al hacer devoluciones. Me costó en muchos momentos entender esa disciplina que aplican. Sobre todo porque uno al pasar a mostrar un trabajo expone su alma, y lo que se recibe son solo las correcciones. Hay que estar muy armado para saber ver eso, que estás ahí para refinar a tu artista todo el tiempo. Y para entender que un ensayo es solo eso, una prueba. Que podés equivocarte e intentar varias formas, hasta encontrar lo verdadero. Y eso es lo más valioso, sumergirse en ese río donde flotan peces, zapatos y zapallos, a ver que se pesca, desde un lugar inocente. Sin querer cerrar o definir.

¿Qué podés contarnos de tu experiencia en “Pobrecito (Francisco de Asís)”, donde tuviste rol protagónico, dirigido por Mariano Moro?
Yo no conocía a este hombre tan maravilloso y revolucionario, hasta que leí el guión. Recuerdo ese día, iba leyendo cada escena y pensaba :“Esto no puede haber sido así, esto es demasiado”. Luego iba a Google y era exactamente como lo había leído. Es una obra que recorre toda su vida, de manera episódica, hasta su iluminación. Francisco siguió el camino más exigido, hijo de una familia burguesa abandonó todo para encontrar en la pobreza su verdadera riqueza. El proceso de búsqueda fue fácil gracias a la clara dirección de Mariano. Fui buscando a Francisco adentro mío, y tratando de tener atisbos de su magia. Cada ensayo terminabamos extasiados por lo descubierto y emocionados porque la obra estaba viva. Francisco es el personaje que más me exigió y a la vez el que más me enseñó.  Un verdadero revolucionario, no buscó imponerse para lograr avanzar, sino que simplemente abrió su corazón.

¿Cuáles son los sueños con la obra “La música del viento”?
Que vuele alto, que nos lleve por caminos impensados, que podamos hacerla en el norte, en Tucumán (mi provincia natal); deseo lo mejor para este nuevo “hijo”, que la gente la disfrute y se emocione con estos dos personajes tan distintos en apariencia, que van transformándose por la fuerza arrolladora de la naturaleza, que es la fuerza que gobierna el universo, el amor. Deseo que el mensaje de unidad más allá de las diferencias que propone la obra se expanda y se cuele en todos los que vengan a vernos.


Por Ignacio Ballesteros – Artistas del Off - @ArtistasDelOff





viernes, 7 de julio de 2017

Andrea Giase, sensualidad en el off

Andrea Giase se formó actoralmente con el maestro Agustín Alezzo. Más tarde, se entrenó, durante varios años, con Julio Chavez. A su vez, participó de varios workshops dictados por Joy Morris en Argentina. En la danza, cursó tres años en la Escuela Nacional de Danzas María Ruanova. En el canto, se formó con Juan Miró, Carlos Zabala, Ruben Lesgart; y es Licenciada de Artes ( U.B.A) Facultad de Filosofía y letras. En teatro, estrenó como actriz "Marat- Sade" de P. Weis bajo la dirección de Ruben Pires. Coproducción con el teatro San Martín de Buenos Aires recibiendo el premio Ace a mejor director espectáculo off.  Actualmente se entrena actoralmente con Federico León. Al mismo tiempo, es docente de la carrera de Dirección Teatral de la Universidad de Palermo. Y se la puede ver todos los viernes a las 21hs., en el teatro El Damero (Dean Funes 506), en "Quereme como quiero", bajo la dirección de Gina Piccirilli.

¿Qué te llevó a que te dediques al teatro?
La necesidad de jugar, de estar muy cerca de mundos fantásticos, lúdicos y ajenos. Una necesidad de hacer y sentir muchas cosas en esta vida además de las que pasan naturalmente en mi vida, de ser muchos personajes además de ser yo misma. Pienso que los actores somos un poco niños y como nos resulta insoportable dejar de jugar, nos buscamos una profesión que legalice el juego.

¿Recordás quienes te impulsaron a legalizar ese juego?
Alejandro Urdapilleta me fascinó con su desparpajo, desde muy pequeña, cuando lo iba a ver a “Ave Porco” con Tortonese. El humor de Buster Keaton, Chaplin, Almodóvar y Woody Allen. Mi primer maestro, Agustín Alezzo. Mi segundo gran maestro Julio Chavez. Actores a los que admiro y de los que aprendo como Jessica Lange, Gena Rowland, Marlon Brando, Sean Peen...tantos más. El cine de John Cassavettes, Lars Von Trier, Godard... y tantos más. Y alguien con la que tengo una relación de fanatismo absoluto desde mis doce años, Madonna.

¿El teatro es tu vida en todo sentido?
Sí, vivo del teatro. Soy actriz y también me recibí en la U.B.A de Licenciada en Artes. Entonces, mi relación con el teatro es mixta porque es práctica y teórica. Podemos decir que al teatro lo hago y lo pienso. Además, soy docente de actuación y de Historia del Teatro, otra gran pasión que tengo en mi vida. Para mí, el espacio de entrenamiento es un espacio de investigación, de exploración personal, de preguntas y de reflexión. Es un lugar de mucho enriquecimiento para mí.

Tu primera obra fue “Maradoo”…
Justamente este verano hice un Seminario de Dirección con Román Podolsky y nos encontramos con Alejandra Darín después de muchísimos años. Fue mi primera experiencia en el teatro, aprendí muchísimo de ella y de mis compañeros actores. Nos divertimos mucho, fue una experiencia corta pero muy alegre. Cuando nos encontramos con Alejandra, este año, la recordábamos y nos reíamos mucho de esa época. Estuvo muy bien.

Hiciste mucha televisión y algunas películas como “Sabrina Love”. ¿Cuál es la clave para tener continuidad tanto en cine como en televisión? ¿Qué te dejaron esas experiencias?
Para mí la clave para este oficio es formarse y entrenar. La televisión es un dispositivo que me encanta y permite trabajar la espontaneidad y rapidez del actor. El cine es mágico. Amo profundamente hacer cine, es un lugar en donde me siento muy a gusto, muy serena y muy viva. La experiencia con Alejandro Agresti fue inolvidable, en todos los sentidos que te puedas imaginar. Siempre quise trabajar con Agresti porque considero que es uno de los más talentosos directores argentinos de hoy. Y la vida me dio ese regalo, filmamos en Colón, Entre Ríos, y cuando uno filma en otro lugar, lejos de su casa, parecería que todo se convierte en una gran película.

¿Qué podés contar de “Quereme como quiero” y de su directora Gina Piccirilli?
“Quereme como quiero” es una comedia que habla sobre el amor, sobre el desamor, sobre la amistad, sobre la traición, sobre el dolor de la separación pero, sobre todo, habla sobre el deseo de volver a enamorarnos una y otra vez. La puesta de Gina Piccirilli es muy original porque divide el espacio del teatro en cuatro espacios. Dos bares, un living y una calle. Todos esos espacios están todo el tiempo iluminado. Por supuesto, que hay mayor intensidad de luz dónde sucede la acción dramática principal. Pero todos los actores estamos en escena toda la obra. Y Gina, además de haber hecho esa dinámica puesta, a mí me enseñó el ritmo que necesita el humor para que la risa suceda. Por eso le estoy muy agradecida. El público la pasa muy bien, se ríen, se emocionan y la entrada es muy accesible para que el teatro sea una opción para todos.

Sos docente en la carrera de Dirección Teatral de la Universidad de Palermo…
En la Universidad de Palermo doy clases de una materia sobre Historia del Teatro, aunque por mi formación tiene una impronta teórico / práctica. Es un espacio de mucha exploración, investigación y reflexión sobre los asuntos del Teatro. En la Universidad tengo una cátedra que responde a una planificación articulada pero, asimismo, tengo posibilidades de hacer cambios en la currícula, de organizar clases especiales con artistas que estén vinculados con los contenidos de la materia. Es un Casa de Estudios donde me siento muy cómoda, muy acompañada y con una elasticidad para convertir el espacio aúlico en un espacio propio.

¿Cómo continúa tu 2017 y qué otros proyectos tenés en mente?
“Quereme como quiero” es mi presente. Y hay algunas cosas dando vueltas por ahí pero todavía nada confirmado.

Por Ignacio Ballesteros – Artistas del Off - @ArtistasDelOff

miércoles, 28 de junio de 2017

Teatro: “Juana de Arco”




Marcelo Silguero dirige a veintidós actores, en su mayoría que realizan sus primeras armas dentro del teatro, sin embargo, están en Avenida Corrientes y eso exige un profesionalismo que cumplen con creces. “Juana de Arco” es épica en su estructura y estética. Es histórica en cuanto a relato y diálogos. Es apasionante por hablar de la vida de La Doncella de Orleáns. Pocas veces plasmada en teatro, esta obra por momentos conmueve. Y su director tiene todo que ver. Su historia así lo sugiere. Él siempre trabaja para adelante y lo termina logrando.

“Juana de Arco” se inicia cuando su padre cuestiona a Juana lo raro de sus actos y su extrema religiosidad, a tal punto de que ella presenta una conexión divina con la virgen que dice se le presenta en varias oportunidades. Ante esta situación las autoridades toman la decisión de ejecutar a Juana por hechicera y que los signos que ella vio eran sólo los que ella quería ver y no provenían de Dios. 

Presentada en el teatro Losada todos los sábados a las 19:30hs., “Juana de Arco” queda corta en sus casi dos horas de duración. Sus batallas y sus duelos de credo y territoriales, necesitarían además de mucho más espacio, un rato más para poder asimilar tanta espectacularidad. El vestuario parece traído de aquellos años.

“Juana de arco” es la historia viva, seiscientos años después. Un recorte de historia en el 2017, cuando la tecnología, y la bomba madre de todas las bombas, nunca permitirían, una patriada semejante. Su protagonista Denise Gómez Rivero con un rol inolvidable, enamora momento a momento. Una obra para recomendar y quedar bien.

Todos los sábados a las 19:30hs., en el Auditorio Losada, Av. Corrientes 1551. Reservas: 4371-9098. Costo de entrada: $200.

Crítica a cargo de Ignacio Ballesteros.

Adaptación, Puesta en Escena y Dirección General: Marcelo Silguero
Elenco: Mario Riccio, Paula Viola, Stella Loiza, Brisa Arnaudin, Paulo Urquizo Uriol, Federico Marrero, Matías Duarte, Luciano Almirón, Denise Gómez Rivero, Javier Moresco, Patricio Rodríguez Medrano, Víctor Della Corte, Paula Cantone, Marcelo Bonelli, Juan Lucero, Graciela Fodrini, Guillermo Alfaro, Jesús Gomez, Esteban Sánchez, Diego Rey, Federico Papaleo, Franco Raffin y Guadalupe Soresina.
PH: Lau Stasio.
Escenografía: Guadalupe Soresina.
Diseño Grafico: Fernando Felices.
Diseño de Sonido y Musicalización: Rubén López.
Técnico Iluminación: Manuel Maza.
Violonchello: Bruno Ponti.
Diseño Vestuario: Juan Lucero.
Dirección Cinematográfica: Alan Silva. 
Producción Ejecutiva: Bonelli / Silguero.
Asistente de Dirección: Marcela Sala.